Los Beatles formaron en los años 60 una de las pocas formaciones musicales atemporales de la historia de la música mundial. Y digo atemporal porque pasen los años que pasen siguen fascinando, siguen versionándose sus temas, siguen siendo noticia de alguna u otra manera.
Comenzaron siendo 5 cuando junto a John Lennon y Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr aún tocaba Stuart Sutcliffe, y se separaron cuando las tensiones iban a dejar el grupo en tres con la marcha de John Lennon.
Esto ―cuenta la leyenda― sucedió hace mucho tiempo, cuando Detroit era colonia francesa y los cánticos indígenas en honor al Gran Dios Serpiente todavía se podían oír desde las afueras de la ciudad. En aquel entonces la magia india aún no había perdido su poder, y las brujas del bosque, las conocidas como “Mujeres Blancas”, vendían burbujeantes pociones que transformaban a los hombres en licántropos.
Dicen que por aquellos años vivía en la ciudad una joven llamada Archange Simonet, a quien un hombre lobo raptó durante el baile de su boda sin que ninguno de los invitados pudiese hacer nada para evitarlo, como tampoco pudo hacer nada su horrorizado marido, que desde entonces se dedicaría en cuerpo y alma a intentar recuperarla.
Rápidamente, organizó una partida de búsqueda que se adentró en lo más profundo del temido bosque, y en la cual participaron multitud de amigos, vecinos y conocidos de la pareja. Uno de ellos estuvo a punto de abatir al licántropo, pero falló su disparo, aunque por poco, logrando tan solo arrancarle la cola al monstruo. Esta sería venerada desde entonces como una auténtica reliquia por los indios de la región.
Tras esta escaramuza, nadie volvió a encontrar el rastro del hombre lobo ni obtuvo pista alguna sobre dónde se podía encontrar Archange. Poco a poco, las batidas fueron espaciándose en el tiempo, a la vez que perdían componentes, hasta que solo quedó el marido de la joven, cada vez más pálido y nervioso, continuando en solitario su desesperada búsqueda nocturna, apenas ya un obstinado vagabundeo sin rumbo fijo.
Había pasado tanto tiempo que casi nadie se acordaba ya de su pobre esposa cuando, en una noche de luna llena, el joven encontró unas huellas extrañas. Eran demasiado humanas para pertenecer a un lobo y demasiado lobunas para ser de un hombre. Las siguió hasta llegar al río Detroit, en cuya orilla pudo ver al licántropo, el mismo que había raptado a su mujer, pues le faltaba la cola. En silencio, se aproximó a él mientras introducía una brillante bala de plata en el cargador de su rifle; levanto el arma y apuntó hacia su presa.
En aquel momento, solo una idea le pasaba por la cabeza: vengarse de aquel ser que tanto daño le había causado. Así que sin pensar en nada más apretó el gatillo, pero antes de que el arma disparase, el hombre lobo se arrojó al río, desapareciendo bajo el agua para, cosa extraña, no volver a salir a la superficie, por mucho lo esperase. Al amanecer, lloró de desesperación junto a la orilla del río.
A partir de entonces, abandonó su búsqueda. Todos pensaron que había perdido un poco la razón, pues no dejaba de contar, a todo aquel que quisiera escucharle, la historia de cómo un hombre lobo había raptado a su mujer durante el mismo día de su boda. Al llegar a la parte en la que el monstruo se arrojaba al agua, aseguraba que un pez enorme había salido de las profundidades y lo había engullido de un bocado.
-Bibliografía:
•Charles M. Skinner, Myths and Legends of Our Own Land, Philadelphia and London, J.P. Lippincott Company, 1896. (Consultado en la edición electrónica de Sacred Texts).
Uno de los mitos más célebres que existen es el que cuenta que en noches de Luna llena cientos de personas enloquecen y son capaces de cometer los más atroces asesinatos. Una afirmación que prolifera en nuestra cultura desde siglos pasados, una obsesión del ser humano por entender los extraños comportamientos de algunos congéneres. Tanto los primeros filósofos griegos como los científicos actuales se han preguntado si el influjo de la Luna puede alterar nuestros comportamientos psíquicos y físicos.
La premisa en la que se han basado gran parte de los expertos contemporáneos es la siguiente: “en las noches de luna llena, urgencias recibe más víctimas de agresiones”. Por tanto, un equipo de investigadores de Alicante decidió verificar si realmente esta leyenda realmente ocurría. Asimismo, también se analizó en Estados Unidos si la epilepsia empeora según la fase en la que se encuentra la luna. En ambos casos los resultados revelan que todo es falso.
No obstante, muchas personas siguen pensando que según la fase lunar cambia nuestro estado de ánimo. Por ejemplo, la Luna creciente se relaciona con todo lo que tenga que ver con el crecimiento y la Luna menguante con todo lo que se reduce y disminuye. Por tanto, si queremos cortarnos el pelo es mejor hacerlo en creciente, pero si vamos al dentista que sea en menguante (para sangrar menos). Es decir, son pequeñas muestras de hasta dónde ha llegado la sabiduría popular sin ninguna base real o científica.
Nunca más será válida la afirmación de “está demostrado científicamente que la luna influye en nosotros”. También se extrapola esta descartada “influencia” a la agricultura y las mareas. Sin embargo, en el caso de las mareas sí existe una explicación científica. Ésta dice que se debe a la Ley de Gravitación de Newton, lo que define la poderosísima atracción de nuestro satélite, la Luna, hacia la Tierra. De ahí, que las mareas se vean alteradas. Lo mismo no ocurre en los otros casos, ya que son producto de la imaginaria supersticiosa.
Es presumible que muchas de estas creencias son un fiel legado de las observaciones que hacían nuestros ancestros del cielo y la Tierra. Quizás hubo un sangriento asesinado que coincidió con la luna llena, o un ingenuo agricultor relacionó una buena cosecha al observar un noche de luna creciente. Gran parte de las leyendas y mitos nacen como reacción ante un pequeño acontecimiento, convirtiéndolo en un asunto de gran relevancia. Ahora bien, poniéndonos serios, es un consuelo que la Luna no tenga nada que ver con los trastornos psiquiátricos.
Me muero por suplicarte, que no te vayas mi vida, me muero por escucharte, decir las cosas que nunca digas, mas me callo y te marchas, mantengo la esperanza de ser capaz algún día, de no esconder la heridas que me duelen al pensar que te voy queriendo cada día un poco mas. cuanto tiempo vamos a esperar?
Me muero por abrazarte, y que me abraces tan fuerte, me muero por divertirte, y que me beses cuando despierte, acomodado en tu pecho, hasta que el sol aparezca, me voy perdiendo en tu aroma, me voy perdiendo en tus labios que se acercan susurrando palabras que llegan a este pobre corazón. voy sintiendo el fuego en mi interior.
Me muero por abrazarte, y que me abraces tan fuerte, me muero por divertirte, y que me beses cuando despierte, acomodado en tu pecho, hasta que el sol aparezca, me voy perdiendo en tu aroma, me voy perdiendo en tus labios que se acercan susurrando palabras que llegan a este pobre corazón. voy sintiendo el fuego en mi interior. (A duo)
Me muero por conocerte, saber que es lo que piensas, abrir todas tus puertas, y vencer esas tormentas que nos quieran abatir. Centrar en tus ojos mi mirada, cantar contigo al alba, besarnos hasta desgastarnos nuestros labios. Y ver en tu rostro cada día, crecer esa semilla, crear, soñar, dejar todo surgir, aparcando el miedo a sufrir (A duo)
Me muero por explicarte, lo que pasa por mi mente, me muero por intrigarte, y seguir siendo capaz de sorprenderte, sentir cada día ese flechazo al verte. ¿Que mas dará lo que digan? ¿Qué mas dará lo que piensen? Si estoy loca es cosa mía. Y ahora vuelvo a mirar, el mundo a mi favor, vuelvo a ver brillar la luz del sol. (Amaia Montero)
Me muero por conocerte, saber que es lo que piensas, abrir todas tus puertas, y vencer esas tormentas que nos quieran abatir. Centrar en tus ojos mi mirada, cantar contigo al alba, besarnos hasta desgastarnos nuestros labios. Y ver en tu rostro cada día, crecer esa semilla, crear, soñar, dejar todo surgir, aparcando el miedo a sufrir.
Ed Freeman nació y se crió en Boston, hijo de profesores universitarios, se especializó en francés y ruso en el Oberlin College. Pasó los primeros veinte años de su vida profesional como músico, primero enseñando y, a continuación, como artista, escribiendo y produciendo. Lo más destacado de su carrera musical incluye los arreglos del primer album de Carly Simons, trabajando como road manager del último tour de The Beatles y produciendo el tema “American Pie” de Don McLean. En 1989 crea su propio estudio en Los Ángeles y comienza una gradual transición para trabajar a tiempo completo como fotógrafo. Tiene una amplia colección de paisajes y de imágenes de sus viajes por más de cincuenta países. Su amplio trabajo comercial (retrato, arquitectura, still life, gente) ha sido exhibido en decenas de portadas de revistas, editoriales, carteles, anuncios y libros. Su experiencia con Photoshop ha sido objeto de decenas de artículos y se han utilizado en sus dos libros, “Desert Realty” y “Work.”