miércoles, 8 de julio de 2009

Amares


Por Eduardo Galeano

Nos amábamos rodando por el espacio y éramos una bolita de carne sabrosa y salsosa, una sola bolita caliente que resplandecía y echaba jugosos aromas y vapores mientras daba vueltas y vueltas por el sueño de Helena y por el espacio infinito y rodando caía, suavemente caía, hasta que iba a parar al fondo de una gran ensalada. Allí se quedaba, aquella bolita que éramos ella y yo; y desde el fondo de la ensalada vislumbrábamos el cielo. Nos asomábamos a duras penas a través del tupido follaje, de las lechugas, los ramajes de apio y el bosque del perejil, y alcanzábamos a ver algunas estrellas que andaban navegando en lo más lejos de la noche.

martes, 7 de julio de 2009

A imagen y semejanza


[Cuento. Texto completo] Mario Benedetti


Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras. Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó inmóvil sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon el terrón. Retrocedió, después se detuvo. Tomando sus patas traseras como casi punto fijo de apoyo, dio una vuelta alrededor de sí misma en el sentido de las agujas de un reloj. Sólo entonces se acercó de nuevo. Las patas delanteras se estiraron, en un primer intento de alzar el azúcar, pero fracasaron. Sin embargo, el rápido movimiento hizo que el terrón quedara mejor situado para la operación de carga. Esta vez la hormiga acometió lateralmente su objetivo, alzó el terrón y lo sostuvo sobre su cabeza. Por un instante pareció vacilar, luego reinició el viaje, con un andar bastante más lento que el que traía. Sus compañeras ya estaban lejos, fuera del papel, cerca del zócalo. La hormiga se detuvo, exactamente en el punto en que la superficie por la que marchaba, cambiaba de color. Las seis patas hollaron una N mayúscula y oscura. Después de una momentánea detención, terminó por atravesarla. Ahora la superficie era otra vez clara. De pronto el terrón resbaló sobre el papel, partiéndose en dos. La hormiga hizo entonces un recorrido que incluyó una detenida inspección de ambas porciones, y eligió la mayor. Cargó con ella, y avanzó. En la ruta, hasta ese instante libre, apareció una colilla aplastada. La bordeó lentamente, y cuando reapareció al otro lado del pucho, la superficie se había vuelto nuevamente oscura porque en ese instante el tránsito de la hormiga tenía lugar sobre una A. Hubo una leve corriente de aire, como si alguien hubiera soplado. Hormiga y carga rodaron. Ahora el terrón se desarmó por completo. La hormiga cayó sobre sus patas y emprendió una enloquecida carrerita en círculo. Luego pareció tranquilizarse. Fue hacia uno de los granos de azúcar que antes había formado parte del medio terrón, pero no lo cargó. Cuando reinició su marcha no había perdido la ruta. Pasó rápidamente sobre una D oscura, y al reingresar en la zona clara, otro obstáculo la detuvo. Era un trocito de algo, un palito acaso tres veces más grande que ella misma. Retrocedió, avanzó, tanteó el palito, se quedó inmóvil durante unos segundos. Luego empezó la tarea de carga. Dos veces se resbaló el palito, pero al final quedó bien afirmado, como una suerte de mástil inclinado. Al pasar sobre el área de la segunda A oscura, el andar de la hormiga era casi triunfal. Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel, cuando algo o alguien movió aquella hoja y la hormiga rodó, más o menos replegada sobre sí misma. Sólo pudo reincorporarse cuando llegó a la madera del piso. A cinco centímetros estaba el palito. La hormiga avanzó hasta él, esta vez con parsimonia, como midiendo cada séxtuple paso. Así y todo, llegó hasta su objetivo, pero cuando estiraba las patas delanteras, de nuevo corrió el aire y el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá, semicaído en una de las rendijas que separaban los tablones del piso. Uno de los extremos, sin embargo, emergía hacia arriba. Para la hormiga, semejante posición representó en cierto modo una facilidad, ya que pudo hacer un rodeo a fin de intentar la operación desde un ángulo más favorable. Al cabo de medio minuto, la faena estaba cumplida. La carga, otra vez alzada, estaba ahora en una posición más cercana a la estricta horizontalidad. La hormiga reinició la marcha, sin desviarse jamás de su ruta hacia el zócalo. Las otras hormigas, con sus respectivos víveres, habían desaparecido por algún invisible agujero. Sobre la madera, la hormiga avanzaba más lentamente que sobre el papel. Un nudo, bastante rugoso de la tabla, significó una demora de más de un minuto. El palito estuvo a punto de caer, pero un particular vaivén del cuerpo de la hormiga aseguró su estabilidad. Dos centímetros más y un golpe resonó. Un golpe aparentemente dado sobre el piso. Al igual que las otras, esa tabla vibró y la hormiga dio un saltito involuntario, en el curso del cual, perdió su carga. El palito quedó atravesado en el tablón contiguo. El trabajo siguiente fue cruzar la hendidura, que en ese punto era bastante profunda. La hormiga se acercó al borde, hizo un leve avance erizado de alertas, pero aún así se precipitó en aquel abismo de centímetro y medio. Le llevó varios segundos rehacerse, escalar el lado opuesto de la hendidura y reaparecer en la superficie del siguiente tablón. Ahí estaba el palito. La hormiga estuvo un rato junto a él, sin otro movimiento que un intermitente temblor en las patas delanteras. Después llevó a cabo su quinta operación de carga. El palito quedó horizontal, aunque algo oblicuo con respecto al cuerpo de la hormiga. Esta hizo un movimiento brusco y entonces la carga quedó mejor acomodada. A medio metro estaba el zócalo. La hormiga avanzó en la antigua dirección, que en ese espacio casualmente se correspondía con la veta. Ahora el paso era rápido, y el palito no parecía correr el menor riesgo de derrumbe. A dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada. Entonces, de lo alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente aplastó carga y hormiga.
FIN

Mario Benedetti......

Me ha regalado el texto mi amigo Miguel Ángel.....Gracias por ser tan gentil.....




Las olas (fragmento)


" El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. "
Virginia Woolf .....

Los fantasmas del Museo Edgar Allan Poe




En la ciudad de Richmond, en el estado norteamericano de Virginia, se halla el Museo de Edgar Allan Poe, que alberga la mayor colección de objetos del genial escritor, y según cuentan, el espíritu del propio Poe. El Museo fue creado en 1921 en la pequeña casa de Stone House, un pequeño edificio de piedra de más de 300 años de antigüedad, en pleno centro del distrito de Shockoe.

Detrás del museo se erigió un pequeño santuario del autor. También se incluyó un hermoso patio ajardinado, con una enorme variedad de plantas que el escritor menciona en sus obras. Hoy en día el Museo se compone de varios edificios que rodean la antigua Casa de Piedra con los objetos de Allan Poe. Los turistas pueden ver la cama de niñez de Poe, el mobiliario y las obras de arte de la familia Allan, el escritorio y la silla que utilizaba para sentarse a escribir, etc…

Poe no fue en realidad un hombre rico, y apenas tenía posesiones. Algunos de sus objetos, como el espejo de su esposa fallecida, se exhiben en un edificio en el que muchos visitantes han visto merodear una oscura figura por las habitaciones. ¿Quizás el fantasma de Poe quien aún cuida de su colección?.


Marcia Skiffington, una guía que trabaja en el Museo, recuerda un escalofriante encuentro con esta sombra. Después de acompañar a un grupo de turistas al exterior, varios de ellos se acercaron a ella para preguntarle si había fantasmas o algo parecido en la zona. Ella les comentó los rumores que corrían de la sospechosa sombra que solía merodear las habitaciones de la casa y la parte delantera del jardín.

En ese momento, esos mismos turistas le mostraron a Marcia las fotos que acababan de realizar durante su visita, en la que se podía ver una sombra inquietante justo detrás de la guía, pero que a simple vista no habían podido ver.



El jardín del Museo es un lugar especial donde las parejas de novios van a hacerse sus fotos de boda. En muchas de esas fotos han aparecido las misteriosas figuras de dos niños, un chico rubio de unos cinco años, y una niña, también rubia, de siete. Ambos chicos aparecen jugando en la parte posterior del jardín. El personal que trabaja en el Museo jamás ha visto nunca a esos niños por los alrededores.

Entre el personal que trabaja en el Museo se cuenta otra situación en la que aparecen los espíritus de la casa. Justo antes del cierre de la jornada, llegó un gran cargamento para la tienda de regalos del Museo. El vendedor abrió las cajas para ver el contenido de la mercancía, y luego las colocó tras el mostrador para desempaquetarlas al día siguiente.

Cuando este vendedor llegó a la mañana siguiente, se encontró con toda la mercancía fuera de las cajas y dispuestas en línea frente al mostrador. Las cajas vacías estaban detrás del mostrador, tal como las había dejado el vendedor la noche anterior. El director del museo, Kat Spears, comprobó que el sistema de alarma no había saltado en toda la noche, a pesar de que funcionaba correctamente.

La identidad de estos espíritus siguen siendo hoy desconocidas. Algunos creen que los niños que aparecen en las fotografías del patio son los hijos de los primeros inquilinos de la Casa de Piedra, unos inmigrantes alemanes. Otros quieren apuntar que la sombra triste y oscura que vaga por el Museo es la del propio Edgar Allan Poe.

Pero, ¿quién se presta a aventurarse una noche y descubrirlo por sí mismo?…

domingo, 5 de julio de 2009

Historia de los casinos y sus curiosidades


Los casinos son una institución mucho más antigua de lo que creemos. La palabra casino viene del italiano y hace referencia a un tipo especial de villa bastante lujosa que se construía a las afueras de la ciudad, pero no fue hasta el siglo XIX cuando en las altas sociedades europeas se empezó a acuñar el nuevo significado más relacionado con el juego. La relación está clara, pues los casinos, antes de sufrir el proceso de democratización en el que estamos hoy en día, eran los rincones donde se refugiaba la alta sociedad.

El juego sin embargo, es una parte de la condición humana, que ya se viene registrando desde el año 2.300 A.C. en China, pero quizá la sociedad con más importancia a la hora relacionar el juego con un establecimiento apropiado para ello fue la americana, donde aparecieron los Saloons que vemos en las películas del oeste, pero que sin embargo también estaban muy extendidos en ciudades como Nueva Orleans y Chicago. Después se prohibió el juego, hasta que las Vegas obtuvo en 1931 una especia de bula, y ahí empezaron a gestarse los primeros verdaderos casinos en América. Curiosamente Las Vegas surgió gracias las labores de las misiones de los mormones en la zona.

Desde entonces tanto en Europa como en Las Vegas empieza a gestarse la institución del casino como la entendemos hoy, con sus millones de luces, robos, rachas de buena y mala suerte, jugadores y tramposos legendarios y agentes secretos británicos tomándose martinis.


-Hablando de malas rachas, el sirio Fouad al-Zayat ha sido por muchos considerado como el jugador con las mayores pérdidas de la historia. Se han cifrado en 23 millones de dólares el conjunto de las pérdidas que dejo en el casino Aspinallis, un club de Londres.

-En el otro lado de la balanza se sitúa Joseph Jagger, que ya en 1873 fue capaz de estudiar los defectos de fabricación de las ruletas que favorecían a ciertos números para llevarse dos millones de francos, una fortuna para la época.

-El casino más grande del mundo no se sitúa en Las Vegas, como cabría esperar. China, no podría ser de otra forma, se ha subida al carro del juego de manera impresionante, y ha construido en Macao el Casino Sands, con 740 mesas y 1254 máquinas tragaperras distribuidas en 64.000 metros cuadrados.

-Sin embargo los casinos más pequeños, en concreto los que caben dentro de un ordenador, son los que están triunfando hoy en día. Poder jugar desde tu casa a Blackjack ha abierto un mundo nuevo en el que todos pueden participar. Es la nueva industria emergente del juego y, de hecho, las ganancias de los casinos online se estiman en 15.000 millones de euros durante 2008 según una consultora británica.

-Los casinos son un mundo propio con supersticiones y vocabulario propio. Por ejemplo, habremos oído muchas veces la expresión “calentar la máquina”. Pues la verdad es que las maquinas ni se calientan ni se enfrían, ya que las variables que dan las combinaciones premiadas no dependen del tiempo que la maquina lleva funcionando.

-La ciencia y la capacidad para acceder a la información que tenemos hoy en día en la red ha hecho que las estrellas de los torneos de poker se gesten en internet. Un verdadero mundo en el que todos luchan por hacerse ricos rápidamente y sólo los más estudiosos lo consiguen. Uno de los más legendarios jugadores online es Dusty Schmidt, conocido como Leatherass. Éste ha llegado a jugar 100.000 manos de poker en una semana y 250.000 en un mes, y tras ganar unos cuantos millones ha decido retirarse para jugar al golf.

-Esta democratización del juego es tan evidente, que la próxima película en la que participará Leonardo Di Caprio será una sobre los casinos online. Es la primera película que abordará esta industria, y será dirigida por el mismo director de la saga Ocean´s Eleven, los famosos largometrajes sobre los robos en los casinos.

Helena de Troya, mito de una tragica belleza


Schopenhauer dijo que la belleza es una carta de recomendación que nos gana de antemano los corazones. Pero además, ésta puede acarrear desgracias y calamidades.

En la cuna de la civilización occidental, nació una de las mujeres más famosas de los mitos, las leyendas y la cultura universal. Su nombre es sinónimo de belleza inigualable como también de guerra. Envidia de las diosas más poderosas y deseos de los reyes más ambiciosos; por a su gran belleza, fue raptada por el príncipe troyano Paris, dándole origen a la Guerra de Troya. La figura de Helena se ha convertido es el arcano del deseo y la desgracia.

Desde su concepción, Helena fue un personaje mitológico salpicado de erotismo. Sus padres fueron Leda y el dios Zeus. Ella, una reina mortal; él, amo y señor del Olimpo. Bajo el disfraz de un delicado y hermoso cisne, Zeus sedujo a Leda para yacer junto a ella, cuya pasión luego sería reclamada por su esposo Tindáreo, rey de Esparta.


Como resultado de esa misma noche de deseo, Leda puso dos huevos: de uno nacieron Helena y Pólux, ambos inmortales y supuestos hijos de Zeus, y del otro, Clitemnestra y Cástor, mortales considerados hijos de Tindáreo. Cástor y Pólux fueron considerados gemelos y se los conocía como Dioscuros.

Otra versión nos dice que Helena nació de la unión de Némesis, diosa de la venganza y la justicia, y Zeus, transformados ellos en oca y cisne. El huevo que puso Némesis llegó a las manos de Leda, quien cuidó de Helena como si fuera su auténtica madre.

En cualquier caso, la mitología cuenta que la joven Helena era famosa por su belleza insuperable. Un día fue sorprendida y raptada por Teseo, el héroe ateniense. Pero al regresar a su cuidad, el pueblo no permitió la entrada de la bella espartana, por lo que Teseo la condujo junto a su madre Etra. Luego se marchó al Hades para raptar a Perséfone con la ingenua intención de convertirla en esposa de su amigo Pirítoo, y durante esa estancia, los Dioscuros rescataron a Helena y tomaron como prisioneras a la madre de Teseo y a la hermana de Pirítoo, para conducirlas hasta Esparta y convertirlas en esclavas.

El tiempo pasó, Helena creció y su belleza también. Presos de su legendaria hermosura, pretendientes de todos los rincones de Grecia acudieron a ella para desposarla. El futuro marido no sólo sellaría su futuro junto a la mujer más deseada del mundo conocido, sino que además ocuparía el trono de Esparta.

miércoles, 1 de julio de 2009